Las pesadillas de ...

(Diálogo de Philip Agee con Isabel Fraire en Inglaterra, que publicó la Revista Siempre el 21 de abril de 1976, como "La CÍA en Ud. Confía")

 Con el pretexto de la próxima aparición de la versión española del libro de Philip Agee, el ex-agente de la CÍA que se metió a delator y escribió "Un diario de la CÍA", en el cual relata, con fechas y nombres y demás, todo lo que vio de las actividades de la CÍA cuando trabajó para ella en Ecuador de 1961 a 1963, en Uruguay, de 1964 a 1966, y finalmente en México durante la preparación de los Juegos Olímpicos, me propongo entrevistarlo en su casa de Cambridge. Después de ponernos de acuerdo por teléfono me ofrece recogerme en la estación del tren... pero no llega él sino su mujer, una jovencita frágil, de un rubio descolorido y lentes, dulce y simpática, que resulta ser brasileña. Luego me enteraré de que conoció a Agee en París, a donde había llegado ella poco después de salir de la cárcel en Brasil, en donde se pasó dos años y medio, con torturas y todo. La casa donde viven es agradable, pero modesta, me parece notar que es una casa que rentan ya amueblada, como se usa por acá. Los dos hijos de Agee viven con ellos, pero cuando llego están en la escuela. Agee, a quien había visto antes en conferencias, no es precisamente un James Bond. Más bien parece un estudiante maduro o profesor joven, de una timidez muy bien disimulada. No es un conferencista ni un escritor nato, pero se ha habituado a los dos oficios, y no lo hace tan mal. Su libro que, por cierto, le debe haber costado un trabajo del demonio, está redactado en primera persona, pero no nos dice casi nada de Agee. La convención formal del "diario" es simplemente una convención útil desde el punto de vista literario. Y funciona, ya que hace descender al terreno de lo concreto y cotidiano el terrible mito de la CÍA... y ese es uno de los principales objetivos que se propone: desmitificar a la CÍA.

 Al escuchar más tarde la cinta en que grabamos la entrevista me daré cuenta de que se interrumpe con frecuencia y repite palabras o frases con ligerísimas variantes, o ninguna; y sin embargo habla con soltura, en largos raudales de frases y datos... Después de unos minutos de amenidades, interrumpidas por una conversación telefónica, pasamos a la entrevista, ya que andamos cortos de tiempo:

I.F.: ¿Qué piensas haber logrado al escribir este libro?

 

Agee: En primer lugar, contribuir a la mejor comprensión de la política exterior norteamericana, y de la manera en que es generada por la dinámica interior de los Estados Unidos. Hay que insistir enfáticamente en que la CÍA es un instrumento de la política exterior norteamericana. Lo verdaderamente objetable no es tanto el instrumento, es decir la CÍA en cuanto burocracia, sino la política que determina lo que hace la CÍA. Durante los últimos dieciocho meses el Presidente Ford y William Colby, director de la CÍA, voces cantantes de la política exterior norteamericana, han insistido continuamente en la necesidad de que la CÍA conserve su capacidad de acción, y siga utilizando esa capacidad para hacer el tipo de cosas que hizo en Chile. Podemos ver claramente que la política misma no ha cambiado. Mi libro es un esfuerzo por explicar esa política, o más bien explicitarla, ponerla en evidencia, al mostrar el tipo de acciones concretas que determina esa política. Hay otras publicaciones que habría que leer para lo mismo, por ejemplo el libro de Víctor Marchetti, otro ex-agente, "La CÍA y el culto de la inteligencia", el informe de la Comisión Rockefeller, y los de la Comisión del Senado norteamericano sobre Chile y sobre la participación de la CÍA en asesinatos políticos, así como su informe final, y el de la Cámara de Diputados... todos estos documentos son muy importantes para estudiar los métodos de la CÍA... no para enterarse simplemente, sino para utilizar esa información con objeto de entender la política que determina lo que ha de hacer la CÍA, y también la manera en que es causada o exigida por la dinámica interior de los Estados Unidos.

 Suena otra vez el teléfono. Agee se para a contestarlo, pero esta vez no hay nadie en el otro extremo de la línea. Se sienta de nuevo.

 I.F.: ¿Me puedes decir por qué te interesa que el libro se publique en español?

 Agee: Por muchos motivos. En primer lugar me gustaría que circulara en América Latina para que los latinoamericanos pudieran darse cuenta de los métodos de la CÍA, para que las probables víctimas de sus actividades pudieran protegerse mejor; en segundo lugar para que circule entre los norteamericanos de habla española. Se hará una edición en México.

I.F.: ¿Se había intentado la publicación en español en algún otro país antes de pensar en México?

 Agee: Yo no tuve nada que ver con la concesión de los derechos para ningún idioma - y va a aparecer en quince idiomas, además del inglés - de modo que no sé decirte. Todo este asunto de las traducciones lo ha manejado la oficina de derechos para el extranjero de Penguin Books, mis editores originales aquí en Inglaterra, y ellos simplemente aceptaron la oferta más prometedora que fue la de Grijalbo.

 I.F.: ¿Ha habido alguna dificultad para que se publicara en algún otro idioma?

 Agee: Hasta ahora no. Y ha salido en varios; apenas el mes pasado salió en Brasil, en portugués, y cuando pensamos en el régimen que actualmente gobierna al Brasil...

 I.F.: Y en las partes de tu libro que se refieren al apoyo de la CÍA para el presente régimen... sus maquinaciones para mantenerse en el poder...

 Agee: ¡No seas tan pesimista! Siempre hay una manera. Hasta en Estados Unidos, en donde no se hubiera podido publicar originalmente mi libro sin grandes cortes, como el de Marchetti, se vieron obligados finalmente a publicar el texto íntegro, debido a que las leyes norteamericanas respecto a secretos de seguridad y esas cuestiones simplemente no son aplicables en territorio inglés - y tantos norteamericanos se llevaban el libro en las maletas cuando regresaban de viajar por Europa que ya no tenía caso impedir su publicación. Creo que a la larga lo mismo sucedería en cualquier parte del mundo...

 I.F.: ¿Crees que tu libro tenga que ver con el hecho de que la CÍA se haya vuelto de pronto noticia, que los diarios estén continuamente publicando nuevos escándalos acerca de la CÍA... a veces muy regocijantes, como el plan de asesinar a Castro envenenándole los cigarros?

 Agee: Puede ser... hay que recordar que Ja avalancha de revelaciones acerca de la CÍA se inició como en septiembre de 1974, con las primeras revelaciones acerca de Chile, y han seguido casi sin interrupción.

I.F.: Por un tiempo casi se volvió sección fija en los periódicos: Día tras día lo que se supo ahora de la CÍA.

 Agee: Bueno, pues el libro de Marchetti salió en junio de ese año; el mío no salió sino hasta enero de 1975, pero ya se hablaba de él en la prensa desde julio de 1974. Sí, creo que mi libro ha contribuido a esa atmósfera, pero que comparado con algunas de las revelaciones recientes parece ahora muy tibio.

 I.F.: ¿Crees que estas revelaciones y la nueva conciencia de lo que hace y puede hacer la CÍA haya estorbado de alguna manera sus actividades? ¿Que le impida influir en el curso de los acontecimientos, por ejemplo, en Angola?

 Agee: Esos son terrenos especulativos y resulta arriesgado opinar. Lo que sí es seguro y resulta obvio al leer mi libro, es que la CÍA se ha estado esforzando muy intensamente por afectar el curso de la historia y que de hecho influye en los acontecimientos... si los determina en un 100% es otro asunto... pero es evidente que en Ecuador, en Uruguay, y también en México - que son los países a los que me refiero en mi libro - y también en todo el resto de América Latina, la CÍA ha estado empeñada día tras día en una lucha por apuntalar a ciertas fuerzas políticas tradicionales y abatir a otras, y esto se aplica también a las actividades de la CÍA en Asia y en el Cercano Oriente y en África...

 I.F.: Mencionaste a México. Que habías trabajado ahí para la CÍA. Pero en tu libro casi no hablas de México! Cuando hablas de Uruguay y de Ecuador das un cuadro muy completo, no sólo de lo que hacías tú, sino de lo que hacía toda la sección correspondiente de la CÍA, y hasta dabas una idea bastante completa de la situación política en ese país... En cambio de México no dices prácticamente nada. ¿Por qué?

 Agee: Para cuando llegué a México ya estaba desencantado. Sólo hacía el mínimo necesario para que no me corrieran. Y como mi trabajo, como explico en mi libro, era formar el mayor número posible de contactos en las esferas intelectuales, políticas, etc., a través de mi "labor" como agregado de la Embajada para los Juegos Olímpicos, con vistas a la reclutación de agentes, estaba yo siempre fuera eje la Embajada. No tenía

contacto con los demás agentes de la CÍA. No sabía lo que estaban haciendo. Y además ya no me importaba.

 I.F.: ¿Y entonces qué hacías?

 Agee: tenía mucho trabajo relacionado con la participación norteamericana en la Olimpiada Cultural, que me facilitaba una infinidad de contactos y una vida social muy activa, y, claro, todos los días tenía que preparar hojas en que daba información acerca de las personas que había conocido...

 I.F.: Volviendo a la cuestión del reclutamiento de agentes... algo que podríamos llamar formación de infraestructura... estos agentes, por lo que me di cuenta al leer tu libro, no son nada más recolectores de información como pudiera pensarse, sino colaboradores activos de todos tipos, desde el empleado de la Compañía de Luz, que facilita el acceso a la instalación eléctrica de un edificio para la implantación de micrófonos, hasta el periodista dispuesto a escribir artículos difamatorios, o seguir la línea propagandística que le prescriben, hasta el jefe o subjefe de la policía que no sólo participa en operaciones conjuntas de violación de correspondencia, intervención de teléfonos, etc., sino que interviene en el proceso de toma de decisiones gubernamentales de manera conveniente para la CÍA... Te confieso que lo que más me escandalizó de tu libro no fue lo que hacía la CÍA, sino lo que hacían todos estos tipos...

 Agee: Bueno, la CÍA no hace nada, o casi nada por sí misma. Tiene dinero, tiene experiencia, tiene equipo, pero siempre los está usando a través de personas que nacieron o viven habitualmente en el país de que se trate.

 I.F.: Me llamó la atención que en cada uno de estos países de que hablas - y en Bolivia también, por lo que se deduce de las confesiones de Arguedas - el Secretario de Gobernación o Ministro del Interior (es lo mismo, ¿verdad?) colaboraba con la CÍA.

 Agee: Es cierto.

 I.F.: Y en algunos casos, más que colaborador -eso resulta más explicable dado que la CÍA les proporciona informes y ellos proporcionan informes a la CÍA, y reciben entrenamiento técnico para su gente, un toma y daca muy natural entre colegas- era realmente un instrumento de la CÍA. ¿Crees que sea frecuente esto?

 Agee: La CÍA trata siempre de tener una relación de colaboración estrecha con elementos de los servicios de seguridad en todos los países. El que tengan o no este tipo de relación, o uno aún más estrecho como el que describes, con el Ministro de Gobernación mismo, depende de la persona de quien se trate. A veces la CÍA no quiere trabajar con la persona que ocupa el cargo, como en el caso de Ecuador durante un tiempo; en otros casos la CÍA no querrá trabajar ni con el jefe de la policía. Depende de quién se trata.

 I.F.: ¿Dirías que esto se aplica a otras zonas del mundo? ¿Digamos a Europa?

 Agee: Sí. Creo que la CÍA establece lo que llaman operaciones de enlace con los servicios de seguridad en cualquier país en el cual opera. Esto vale para todo el mundo. Claro, hay países hostiles a la CÍA, y ahí sería muy difícil que hubiera una colaboración oficial, pero de todas maneras la CÍA trataría de tener agentes que trabajaran para ella dentro de estos servicios sin que se enteraran sus superiores.

 I.F.: Una de las conclusiones a las que llega uno después de leer tu libro es que el gran éxito de la CÍA consiste en que se sirve de fuerzas que ya existen en cada país: partidos de extrema derecha, elementos estudiantiles reaccionarios, la iglesia, o cuando menos las fuerzas tradicionales dentro de ella, los sindicatos "apolíticos" o blancos, etc. Los financia, los dirige... casi podríamos decir que los cataliza... ¿Podríamos decir que su papel es propiamente el de coordinador?

 Agee: Sí. Pero no te olvides que también actúa como recolectora de información, y como inspiradora, como provocadora de ciertos tipos de acción. Que de hecho no sólo coordina, sino que propone, que inicia acciones. Mira, la mejor manera de aclarar esto es subrayar que la CÍA no es simplemente una organización recolectora de información, sino que desde el principio - allá por los cuarentas - y dondequiera que ha operado, ha utilizado esta información para tratar de influir en el desarrollo de los acontecimientos en los distintos países mediante la penetración de las instituciones que detentan el poder.

LF.: ¿Dirías que hay un plan global de acción de la CÍA? ¿Un programa a nivel mundial?

 Agee: El gobierno norteamericano en cuanto tal tiene planes de acción a nivel mundial, y los programas de la CÍA encajan en ellos. Recuerda que la CÍA no opera independientemente, ni de manera aislada. Es un instrumento del Presidente; el Secretario Kissinger confirmó esto hace unos meses al presentar testimonio ante el Congreso. Todo lo que hace la CÍA ha sido ordenado por el Presidente mismo, es decir todo lo importante... a grandes rasgos.... claro que en detalles no entra.

 I.F.: Partiendo de tu experiencia y la información que has recabado en diversas partes del mundo - algo a lo que te has dedicado últimamente -¿cómo describirías esta política general de la CÍA? ¿Podrías resumirla en unas cuantas palabras?

 Agee: En términos generales la CÍA es una policía política secreta que opera en el ámbito internacional y tiene como papel el apuntalar a ciertas fuerzas políticas favorables a los intereses norteamericanos y penetrar e intentar destruir a otras fuerzas políticas que se consideran peligrosas para los intereses norteamericanos; estos intereses se pueden definir esencialmente como las condiciones necesarias para que operen sin mayores obstáculos las corporaciones multinacionales basadas en los Estados Unidos; esto en la mayoría de los países. En Europa occidental hay que añadir por supuesto la cuestión de la Alianza del Atlántico del Norte y la cuestión de la estrategia frente a la Unión Soviética. Pero hablando de países como México y de la mayoría de los países del tercer mundo, de lo que se trata es del acceso de las compañías norteamericanas a los recursos naturales y la mano de obra de esos países.

 I. F.: ¿Entonces no hay que pensar en una simple oposición a los sistemas diferentes del capitalista, sino que la CÍA se opondría igualmente a un capitalismo nacionalista, que le cerrara las puertas al imperialismo económico norteamericano?

 Agee: Creo que trabajarían en contra de un capitalismo de tipo nacionalista tanto como en contra de los regímenes o movimientos de izquierda, pero el peligro sería probablemente menor, porque una organización o régimen nacionalista estaría menos propenso a entrar en una relación de colaboración estrecha con la Unión Soviética que uno de izquierda, digamos que un partido comunista en el poder... hay un peligro adicional cuando se trata de un régimen de izquierda, pero es indudable que los intereses económicos norteamericanos de que hablábamos también se verían amenazados por un régimen nacionalista.

 I.F.: Me parece, tanto por tus comentarios como por lo que se desprende de tu libro, que se pueden distinguir dos motivaciones directrices para esta política norteamericana a nivel mundial de la que hablábamos: la oposición a la implantación de cualquier sistema de gobierno que no sea el capitalista, y defenderse de Rusia, a quien ven como un poder enemigo amenazante y expansionista...

 Agee: Creo que ya no se sirven tanto del término capitalista, sino que utilizan más bien la palabra pluralista, que es otra manera de expresar la idea de un régimen que permite florecer al capitalismo. Pero hay que recordar siempre que la política extranjera de los Estados Unidos, incluyendo las actividades de la CÍA, es determinada por la dinámica interior de los Estados Unidos. Cierta proporción de la prosperidad material norteamericana se funda en la explotación de pueblos extranjeros y de sus recursos naturales, y para retener esta proporción de su prosperidad se requiere la operación de una policía secreta en el exterior que mantenga las condiciones que permiten funcionar a las compañías. Mientras no cambie la situación dentro de los Estados Unidos seguirá vigente la necesidad de las actividades desarrolladas por la CÍA o por cualquier otra organización que tome su lugar. No se trata solamente de la pugna entre el socialismo y el capitalismo o pluralismo, sino también de la continuación de la explotación económica que forma parte integral de la política exterior norteamericana.

 I.F.: ¿Y crees que se tomen en serio lo de la posibilidad de una agresión militar de parte de la Unión Soviética, y cosas por el estilo?

 Agee: Te refieres a la cuestión de las ambiciones soviéticas. En la CÍA parte de la justificación comúnmente aceptada de lo que estábamos haciendo se fundaba en la teoría de la conspiración, en la creencia de que cada movimiento político de izquierda, y particularmente los partidos comunistas de otros países, eran manifestaciones del imperialismo y expansionismo soviético. Esto era necesario claro está, para justificar la intervención, que en realidad era para proteger intereses económicos. Por

otra parte, la política exterior norteamericana está atrapada en un dilema: por una parte reconocen la necesidad de una mayor justicia social en tales o cuales países extranjeros, por otra parte el socialismo como posibilidad de resolver ese problema les resulta inaceptable, porque se dan cuenta de que el socialismo, o cuando menos el socialismo revolucionario, tiene sus raíces en la Unión Soviética y en otros países del Este de Europa. En el fondo creo que la CÍA siempre tendrá que ser utilizada como instrumento para oponerse al socialismo en cuanto tal, tal vez en parte por la cuestión del equilibrio de fuerzas con la Unión Soviética, pero mucho más debido a los requerimientos de la explotación económica.

 I.F.: Tú viviste varios años en Uruguay, en donde eras oficial de carrera de la CÍA, y participaste en toda clase de jugarretas y complots destinados a subvertir al gobierno uruguayo que estaba entonces en el poder. De hecho le dedicas a este período la tercera parte de tu libro. ¿Ya viste este artículo que escribió Christopher Roper sobre la situación actual, que salió hace poco en el Guardian?

 Agee toma el recorte que le tiendo, y se enfrasca en la lectura...

 Agee: ¡Qué impresionante! Me había estado topando de cuando en cuando con informes sobre la represión en Uruguay, pero... esto... sobre todo cuando lo comparo con mis recuerdos, ¿sabes? Uruguay tenía siempre un clima político tan benigno, hasta este golpe de 1973. Todo mundo pensaba y hablaba de política... había un clima violento, desde luego, pero la represión no era comparable. Es... es terrible...

 I. F.: ¿Crees que el golpe de 1973 y la situación que se describe en este artículo se han dado a causa de las actividades de la CÍA en Uruguay? ¿Qué las actividades de la CÍA hayan influido para que se diera esta situación?

 Agee: No tengo la menor duda. Creo que lo que yo estaba haciendo en 1964, 1965, 1966 en Uruguay, se llevó a su conclusión lógica en años posteriores, los últimos sesentas y los primeros setentas. Incidentalmente, vale la pena señalar que el hombre que fue jefe de la CÍA en Uruguay de 1970 a 1973 y durante el período del golpe es ahora el jefe de la CÍA en Lisboa. Se llama John Morgan. Mor-gan. Había estado en Brasil antes de ir al Uruguay. Estuvo en Brasil de 1966 a 1969, y luego en Montevideo de 1970 a 1973.

 I.F.: A propósito, en Brasil... ¿tendría algo que ver la CÍA con el golpe de 1964 que llevó al poder al presente régimen?

 Agee: Por supuesto que sí. Trabajaron muy intensamente para tratar de minar al gobierno de Goulart. Se esforzaron por promover las fuerzas políticas conservadoras casi desde el momento en que Janio Quadros renunció a la presidencia, y luego intervinieron masivamente en las elecciones de 1962... Gastaron muchos millones de dólares para influir en esas elecciones, pero sólo lograron resultados parciales, como menciono en mi libro; luego siguieron volviéndole cada vez más difícil a Goulart gobernar, creando el clima psicológico que les convenía mediante lo que llaman '''media operations", o sea plantando propaganda en los medios de comunicación masiva: Artículos periodísticos, editoriales, noticias, desplegados y todo eso... de manera que se provocó un clima histérico, de verdadero pánico respecto al comunismo que desembocó en las enormes manifestaciones católicas que tuvieron lugar en vísperas de la caída de Goulart. Finalmente una provocación del mismo Goulart fue la causa inmediata que dio pie a su derrocamiento. Como puedes ver, en todas estas operaciones la CÍA trabaja por establecer las condiciones propicias a la toma de poder por los militares, y luego sólo es cuestión de tiempo... El cuadro que te describo se dio en Chile, se dio en Brasil, se dio en Uruguay, se dio en Ecuador dos veces durante mi estancia en ese país. Simplemente ayudábamos a crear las condiciones que queríamos, mediante la orquestación de distintos tipos de operaciones: infiltración, propaganda, provocación de conflictos, sabotaje económico...

 I.F.: Además, tenían el apoyo de la retención de créditos...

 Agee: Y presiones diplomáticas... de todo. Y luego esperar... llega la provocación y sigue el golpe...

 I.F.: Bueno, ya vemos los efectos de esta diplomacia clandestina en el Uruguay en donde la situación actual, por cierto, se parece a la de Brasil desde el golpe de 1964, y a la de Chile desde el golpe de 1973... y que recuerda de la manera más inquietante el clima político de la Europa de los treintas... lo que te quería preguntar era esto: daclo que en estos tres países la CÍA estuvo operando durante varios años antes del golpe, y podemos afirmar que contribuyó quizás decisivamente (no podemos afirmar que lo determinara en un 100%) a que se diera el golpe, y a fortalecer al nuevo régimen una vez que estuvo en el poder - esto se ve muy claramente en tu libro respecto al Brasil - crees que si la CÍA sigue operando de la misma manera en otros países latinoamericanos haya alguna probabilidad de que se dé el mismo tipo de golpe y de régimen represivo en estos otros países? ¿Seguirán el mismo camino de Brasil, Chile y Uruguay? Piensa uno por lo pronto en Argentina...

 Agee: No necesariamente. Depende del éxito o fracaso que obtengan las formas de gobierno más moderadas y liberales, o de la efectividad con que la gente se organice para darse formas alternativas de gobierno. Creo que es indudable que el gobierno norteamericano, y esto vale para la CÍA, preferiría ver en el poder a regímenes democráticos moderados que instituyeran ciertas reformas, pero que siguieran permitiendo operar en sus países a las compañías norteamericanas, y que permanecieran dentro de su esfera de influencia política, en estado de dependencia y cooperación con los Estados Unidos. Pero en país tras país, y no sólo en América Latina, los reformismos moderados han fracasado; en parte debido a la extrema desigualdad del desarrollo económico, en parte porque la gente ha intentado buscar otros caminos, llegar a algún tipo de socialismo. Mientras más efectivamente se organicen para ese fin, digamos como en Uruguay, en donde en 1960 el partido comunista obtuvo el 2% de los votos, y luego, con el frente amplio, llegó a obtener el 18 o el 20% en 1971; y poco antes se pensaba que podrían ganar esas elecciones... Es este aumento de fuerza de estos grupos que se consideran hostiles a los Estados Unidos y que la CÍA identifica como el enemigo lo que vuelve necesario escalar la represión contra ellos, y esto es lo que lleva a la CÍA a emprender los tipos más agresivos de operación que crean las condiciones propicias a un golpe, y luego a apoyar toda la represión que sucede al golpe... y puedes ver que esto ha sucedido, o está sucediendo, no sólo en América Latina, sino también en Irán, en Corea del Sur...

 I.F.: En Indonesia...

 Agee: En Zaíre, en Guatemala, en la República Dominicana, y claro en Brasil, Uruguay, Chile y también en Bolivia.

I.F.: ¿O sea que la CÍA sigue la misma política en todo el mundo?

 Agee: Creo que sí. Hay diferencias determinadas por las diferencias regionales y nacionales, pero en esencia, en todas partes donde opera, está tratando de promover las fortunas de ciertos grupos y destruir a otros.

 I.F.: El otro día en el curso de una mesa redonda sobre Portugal y Angola mencionaste que ya a fines de la segunda guerra mundial los Estados Unidos habían intervenido muy activamente para impedir la participación de los comunistas en el gobierno... y en aquel período el partido comunista era muy fuerte en Italia, por haber encabezado la resistencia al régimen de Mussolini, y al final contra los alemanes, y tenía buenas probabilidades de llegar al poder...

Agee: Sí.. Como he repetido tantas veces, es imposible decir lo que hubiera sucedido si la CÍA no hubiera intervenido - ya me cansé de decir eso, pero es un hecho que la CÍA intervino en Italia... bueno, en un principio no era la CÍA, sino una organización predecesora, pero puedes tomarlo como si fuera la CÍA, ya que la misma gente pasó a formar parte de la CÍA... y la CÍA misma estuvo interviniendo en Italia desde las elecciones de 1948. Creo que se acaba de revelar que a lo largo de los años se gastaron más de 75 millones de dólares para apoyar a las fuerzas políticas que favorecían -predominantemente el partido demócrata cristiano - y se acaba de saber que el presidente Ford ha autorizado la inversión de otros 6 millones de dólares que han de gastarse entre diciembre de 1975 y las próximas elecciones, de manera que la intervención norteameriana no ha cesado en Italia, y tampoco ha cesado en otras partes del mundo. Los instrumentos de que se vale en cada caso la CÍA, trátese del soborno y el apoyo a ciertas figuras políticas, o de la promoción de la represión política abierta por los servicios de seguridad nacionales, depende del nivel de la amenaza en cada caso, y también de la posibilidad real, efectiva, del éxito. De cuáles sean los medios que tienen posibilidades reales de alcanzar el éxito en cada caso.

 I.F.: Dices que a fines de la segunda guerra mundial, cuando no había nacido aún la CÍA, ya había una organización predecesora que hacía la misma labor... y dices que se trata de la misma gente... ¿No indicaría esto que si hubiera una decisión de ponerle término a la CÍA, por cualquier motivo, que aparecería otra nueva organización que haría el mismo papel?

Agee: Sí.. Creo que el trabajo que realiza la CÍA es necesario, dada la dinámica interna de los Estados Unidos, de tal manera que si desapareciera la CÍA o no se encargara ya de este tipo de labor, alguna otra organización tendría que desempeñar este papel de policía secreta en el extranjero.

 I.F.: En tu libro hablas de que las posiciones moderadas tienden a fracasar, y hace unos momentos decías que la CÍA pasa a apoyar un gobierno más rígido, más represivo, debido al fracaso de los regímenes moderados... dejando a un lado la cuestión de que la CÍA misma influya en el fracaso de los regímenes moderados, reformistas, quería preguntarte si sabías que el economista norteamericano Kenneth Galbraith, en uno de sus libros {Economics, Peace and Laughtef) habla de los obstáculos al desarrollo de los países del tercer mundo, y acaba afirmando abiertamente que en América Latina sólo las revoluciones pueden abrir las puertas al desarrollo. ¿Estás de acuerdo con él?

 Agee: Claro que estoy de acuerdo. Por supuesto. Y la razón principal es que ha habido tantas generaciones que han siclo explotadas y reprimidas casi sin descanso, prácticamente desde la conquista, y simplemente me parece inconcebible que las diminutas minorías latinoamericanas que han logrado acorralar casi toda la riqueza y el ingreso para sí mismas y que controlan la policía y el ejército en sus países, vayan a renunciar por motivos humanísticos o filantrópicos a un ápice de sus privilegios, su posición y su prestigio. Eso creo que no está dentro del campo de lo posible. De modo que la única manera en que van a cambiar realmente las cosas es que la gente, como en Cuba, se organice y tome el poder y elimine por completo a estos otros en cuanto clase.

 I.F.: La razón que das es poco más o menos la misma que da Kenneth Galbraith, después de fundamentarla en un análisis económico.

 Agee: Claro que hay que tomar en cuenta la experiencia chilena como posibilidad, aunque ese era poco más que un régimen reformista. No era ninguna amenaza grave.

 I.F.: Igual en Guatemala. El régimen de Arbenz era de un reformismo muy moderado...

 Agee: Y el de Goulart en Brasil no era para tanto...

I.F.: Pero en cada uno de estos casos ameritó la intervención...

 Agee: Por muchos motivos... motivos políticos y motivos personales... en cuanto a los políticos, ya desde 1963, apenas dos o tres años después de que comencé mi carrera con un puesto en el Ecuador, comencé a sentir cierto disgusto por la gente a la cual estábamos apoyando, porque podía ver que mientras que nosotros les estábamos dando estabilidad política... estoy hablando de las minorías en el poder... ellos no estaban procediendo a implantar las reformas que eran el quid pro quo de nuestros esfuerzos...

 I.F.: La Alianza para el Progreso y todo eso...

 Agee: La idea era que nosotros los ayudaríamos a obtener la estabilidad política necesaria para el desarrollo económico y la realización de los programas de reforma que todo el mundo predicaba... tales como la reforma agraria y la redistribución del ingreso... En aquel entonces no tenía esto tan claramente articulado, era simplemente una sensación, una inquietud... Comencé a sentir disgusto por estas gentes... un disgusto que se convirtió más tarde en asco y finalmente en desprecio. Comencé a sentir un rechazo por el trabajo que estaba desempeñando porque sentía que probablemente estábamos interviniendo del lado equivocado. Finalmente, ya cuando estaba destacado en México, renuncié.

 I.F.: Hay gente que mira tu libro con sospecha...

 Agee: Claro. Desde el principio me di cuenta de que sería el blanco de toda clase de acusaciones. Hasta hay quien piensa que mi separación de la CÍA y el libro mismo son, hazme favor, ¡un complot de la CÍA! Hay muchas versiones... Pero no creo que nadie que haya leído realmente el libro pueda dar crédito a esas suposiciones, verdaderamente descabelladas... Mira, no soy el único que se haya salido de la CÍA. Lo que pasa es que alguien puede volverse en contra del trabajo y decidir simplemente ya no colaborar, no seguir prestando sus servicios. Eso pasa desapercibido, y eso es lo que hice yo al principio. Me imagino que habrá bastantes que hayan hecho eso. Pero luego hay otro paso que es el de tomar un papel activo y oponerse, y es entonces que caes en el riesgo de que te llamen agente de la KGB, de que te llamen traidor o defector, de que te acusen de traicionar a

viejos compañeros de armas, y todas esas críticas que embonan tan bien con las tradiciones liberales... Cuando me decidí a escribir el libro tuve que decidirme también a aguantar todo eso... y en cuanto a las sospechas del campo contrario, de que mi libro es un complot de la CÍA...

 I.F.: ¿No crees que es otra manifestación más de la habitual paranoia de la izquierda? Hablo de paranoia porque todo el mundo se les vuelve sospechoso, es terrible porque resulta paralizante...

Agee: Sí. Esta división de la izquierda es algo que fomenta la CÍA con toda intención. Utilizan la información que tienen respecto a los miembros de los movimientos de izquierda para plantar rumores entre sus compañeros o en otras organizaciones fie izquierda... fomentar la sospecha y la división, que resulta muy debilitante...

 I.F.: ¿Sientes que te están vigilando?

 Agee: Es un hecho. De cuando en cuando se dedican a seguirme, como en Milán, hace apenas tres semanas, y antes en Francia, en España, y aquí mismo en Inglaterra. Como yo entrenaba equipos que hacían este tipo de trabajo, no puedo dejar de darme cuenta. En París me siguieron durante meses, pero nunca pudieron descubrir en dónde estaba viviendo, algo que ocultaba, por supuesto. Sólo días antes de salir rumbo a Inglaterra lograron descubrir mi domicilio, y eso gracias a que me plantaron una máquina de escribir... No tenía yo máquina, y podrás figurarte que la necesitaba mucho, y unos amigos me prestaron esta máquina que tenía un transmisor direccional que permitía localizarla por triangulación. Ya te podrás imaginar qué clase de amigos eran.

 FIN