David Cortes Caban...

Conocí a David Cortés Cabán en Nueva York, cuando nos reuníamos para pasar un rato agradable entre poetas de lengua española, o cuando llevaba a mi casa a amigos suyos escritores que vivían en México y querían conocerme. Su Libro de los regresos encapsula en el título la mayor preocupación de sus congéneres portorriqueños, que comparten todos el ansia de regresar al terruño, donde muchos han edificado una casa que amueblan y decoran con pinturas y carteles, al mismo tiempo que escogen mobiliarios lujosos y tradicionales no sólo para ellos sino para sus hijos que, aunque educados en los Estados Unidos, participan igual que ellos en una especie de cultura de excepción, bilingüe y extensiva al resto del continente hispanohablante, ya que su educación no es exactamente igual a la de los norteamericanos, sino que engloba dos idiomas, dos o mas maneras de enfrentarse a la vida, y varias raíces distintas en el pasado.

 

Algunos de estos poetas fueron publicados en Puebla, y después de leer allí, también fueron a la capital de México, a leer sus obras. Algunos también, entre ellos David Cortés, fueron publicados en España, y David Cortés, en particular, aunque probablemente no el único, fue dado a conocer en Venezuela.

 

Fue en Venezuela que David Cortés participó en una gesta extraordinaria, inesperada, cuando el presidente Hugo Chávez lo invitó a participar no en una sino en múltiples lecturas junto con otros poetas nacionales y extranjeros a quienes llevaron en camión y en avioneta a todos los rincones del territorio Venezolano, para leer su poesía a todo el pueblo, y no únicamente a las grandes ciudades, en donde sólo quienes tuvieran cierto nivel de educación hubieran asistido a sus lecturas. ¿Por qué, en efecto, tema que ser el goce de la poesía un privilegio para las capas sociales cuya educación superior les abre las puertas al goce intelectual y revelador de la poesía, y la experiencia de conocer a escritores y poetas de carne y hueso? ¿Por qué el arte tiene que ser el patrimonio de una capa social privilegiada, por qué no ponerlo al alcance de todo el pueblo? De manera que durante varias semanas se llevó a poetas nacionales y extranjeros de pueblito en pueblito, en donde también escuchaban a los poetas locales si los había e intercambiaron impresiones y poemas, y se descubrió que los recibían con

sorpresa y entusiasmo, encantados de la experiencia, la gente de los pueblos, muchos de los cuales escuchaban poesía por primer

 

Pero no todos los portorriqueños son como el círculo de poetas y artistas a quienes traté en Nueva York. Por el contrario, muchos, o al menos eso parece, están al servicio del gobierno, cumpliendo con tareas de diversa índole para las cuales es útil saber no sólo inglés, sino también español. Ser policía, trabajar como intérprete, sobre todo hacer las preguntas de rigor a extranjeros que llegan al aeropuerto hablando sólo español, y quienes son cuestionados incansablemente respecto a sus ocupaciones, su trabajo, su permiso de salir de su país de origen, sus medios de vida, etc., etc. Son, en efecto, ciudadanos de Puerto Rico y subditos de los Estados Unidos, pero subditos con privilegios, como son el poder trabajar y estudiar en los Estados Unidos, pero, en la práctica, vistos con sospecha, obligados a comprobar la licitud de su estancia en los Estados Unidos continuamente, si manejan un automóvil (me ha contado uno de ellos, que de hecho enseña inglés a los norteamericanos en una universidad prestigiosa) son questionados continuamente, al manejar en las calles de Nueva York, y obligados a mostrar su licencia y mostrar los papeles que comprueban que están legalmente en Nueva York, etc. etc.

 

Recientemente su valor como votantes también es reconocido. Si viven en Estados Unidos pueden votar para presidente de Estados Unidos, y para otros puestos en la burocracia local. En cambio si viven en Estados Unidos no pueden votar por las autoridades en Puerto Rico, ni votar ni participar en los referendos, muchas veces decisivos, celebrados en Puerto Rico. Por otra parte, sí viven en Puerto Rico pueden votar por las autoridades locales, pero no por el Presidente de los Estados Unidos, quien es, de hecho, Presidente de Puerto Rico y, además, el jefe de facto de su gobierno, y el que tiene la última palabra sobre cualquier decisión que afecte los intereses, sobre todo militares, de los Estados Unidos.

 

Para entender todo este menjurje hace falta consultar varias fuentes, algo que se volvió de especial interés con la revelación reciente de que un portorriqueño trabajaba para la CÍA, y con tan buenos resultados que había ascendido de puesto en puesto hasta llegar a ser director de los servicios clandestinos de la CÍA. Lo que hizo aflorar esta información y le dio un carácter escandaloso es que había estado dirigiendo la tortura de los presos iraquíes y demás en Guantánamo (que está, no en territorio norteamericanp,

sino en parte de la isla de Cuba fuera del control desde hace décadas del gobierno cubano).

 

Las torturas a los prisioneros de guerra y presos políticos del ejército norteamericano en Irak han sido un escándalo mundial. ¡Quién no ha oído hablar de la detención durante años de presos iraquíes y de otras nacionalidades en Guantánamo, bajo condiciones inhumanas y sufriendo hambre y sed y privación de sueño y torturas tales como la bien conocida en México de "el pocito" en la cual se ahoga a la víctima hasta que el torturado (o torturada) pierde el conocimiento y hay que revivirla para que no muera y puedan continuar la interrogación, si no en seguida, entonces más tarde! Pues bien, ya algunos investigadores habían supuesto que tales torturas eran filmadas por los asesores del ejército norteamericano que las dirigían. Y últimamente se llegó a saber que (¡Oh sorpresa!) el gobierno norteamericano primero negaba que se torturaba, luego negaba que las torturas se habían filmado, y luego, entregaba informes tachoneados para ocultar su contenido a congresistas y abogados alarmados por el escándalo de las torturas. Finalmente el director y responsable de filmar dichas torturas declaró que había destruido las películas que se habían guardado para constancia, y para servir de información respecto a las revelaciones de los torturados, y, en fin, por su utilidad para la rama secreta del gobierno norteamericano, o sea la CÍA, que, se supone, defiende a todos los norteamericanos y sus valores morales e integridad física de ataques venidos del exterior.

 

¡Y cuál no sería la sorpresa del público cuando se supo que el miembro de la CÍA encargado de manejar toda esta información y, sobre todo utilizarla para posteriores e inconfesables fines, era, no un norteamericano, sino José A. Rodríquez, Jr. nacido en Puerto Rico, director del servicio nacional clandestino de la CÍA!

 

El hecho es que la situación de los portorriqueños, tanto de los que viven en Puerto Rico como los que viven en Estados Unidos es sumamente complicada. Puerto Rico fue descubierto por Cristóbal Colón en 1492 y considerado propiedad de España hasta que los Estados Unidos lo "liberaron" de España al mismo tiempo que "liberaron" también sus posesiones en el Océano Pacífico, aunque una cuando menos de ellas ya se había declarado independiente de España y estaba organizando ya un gobierno propio con constitución y leyes propias.

(Ver: entre otros, A Short History of the Philippines, de Teodoro Agoncillo, publicado por New American Library, Nueva York y Toronto; y American Neo-Colonialism, Its emergence in the Philippines and Asia, de William J. Pomeroy, publicado por International Publishers Company Incorporated, Nueva York.)

 

 

En todo caso, parece haber una enorme diferencia entre unos y otros portorriqueños. Por una parte hay portorriqueños que han vivido tanto tiempo en los Estados Unidos que sus hijos no hablan español, ni conocen Puerto rico. Por otra, hay quienes añoran a su patria, buscan perpetuar su belleza natural y su educación tradicional, y, si son escritores, publican en Puerto Rico, y acuden a protestar contra abusos como el que duró varias décadas en la isla de Vieques. Esta isla la usó el gobierno norteamericano durante muchas décadas para ejercitar a sus soldados y marinos en el uso de explosivos, con el consecuente ruido ensordecedor para sus habitantes durante todo el día y toda la noche, ya que trabajaban en tierra firme, pero regresaban a dormir y tenían allí sus casas. No fue sino hace pocos años que no solo los habitantes, sino la jefa de gobierno portorriqueño, se opusieron terminantemente a este abuso, y, respaldados por la mayor parte de la población y por todos quienes acudían a reforzarla, se montaron guardias - a las que se unieron los escritores y artistas antes mencionados - que se quedaron en Vieques durante muchos días y noches, desafiando a los militares norteamericanos como protesta viva, hasta que el gobierno norteamericano cedió ante el escándalo provocado por la publicidad dada a las protestas, y llegó el triunfo, y Vieques pudo vivir y dormir en paz.