15 poemas de Isabel...

me tiendo

en la hamaca del viento

para decir a solas

lo que nunca he sentido

oigo girar los mundos

y llorar corazones

que nunca he conocido

soy un sembrado de palomas blancas

soy la hoja más alta

de un eucalipto verde

y la cumbre pelada

de la madrugada

dorada de luz fría

tengo en mi corazón gusanos

y en mis manos monedas

de malicia

mis cabellos son redes

y mis ojos carbones

y los lápices todos

se quiebran

al peso de mi nombre

te quiero te quiero no te quiero

las blancas margaritas como soles

giran

giran

una lluvia de pétalos me cubre mis ojos se cierran y duermo

y me hundo lentamente

en un sueño

infinita

mente

dulce

II

tú y yo sin rumbo bajo el cielo

tú y yo como las flores como los árboles

como los barcos salpicados en alta mar

 internémonos en la Edad de Oro

 te convido a que vivas conmigo los días como

(granos de arena

tu ante un puro tu sin mas allá

 

yo

 

intrascendente hecha de agua clara

adornada de flores que tendrían la misma

(importancia que mi pelo

la eternidad delante

                                       una playa sin límites

tú y yo ya no seríamos tú y yo


III

 

amor

eres tan dulce como el eco de la brisa sobre mis

(cabellos

y tan suave como la intangible caricia del sol

entre tú y yo se cambia una pasión tan honda

(como el mar

en irisadas gotas de rocío

tu mano sobre mí es como mi propia carne

y tus deseos sobre mi boca estallan lentamente

(como flores

IV

nieva el día su silencio

y los árboles altos

por donde asciende el alma

se estremecen y callan

 

calla la pared adusta

y los ladrillos guardan

un rojo ensimismado pensamiento

 

tu cuerpo y el mío callan

aquietan sus fronteras

sus tersas superficies

como lagos sin brisa

 

tu corazón y el mío

se entienden a miradas


Dios habla


V

no me urge tanto el ver como el saberte

amante de mis luces y mis sombras

y del cáliz infecundo de mis horas

pletórico de fútiles auroras

 

no me urge tanto el sol como la sombra

tibia de intimidad de tus dos manos

tímidas como nubes en montañas

 

en esta bagatela de los días

en que la arena dúctil del silencio

apenas roza nuestros corazones

no quiero sino conocer tu cuerpo

tu cálida y liviana superficie

y el espejo tan sólo de tus ojos

dos pozos que reflejan sin moverse

el pájaro que vuela

 

VI

tu cuerpo

                cálida cárcel sin candado

                barco Heno de mar y lejanía

                barco con y sin ojos

                yace ajeno

 

                su superficie ecuatoriana puebla el aire

                de ondas cargadas de perfume de cerrados

                jardines estivales

 

reloj en mano el tiempo que me mira

              cuenta las divisiones del silencio

              e impersonal ordena

              los límites del cuerpo

 

y tus ojos palomas encerradas

              se agitan en sus jaulas

 

              sin poder comprender

              ni la noche

              ni el límite del día

 

VII

en mi pared de noche te contemplo

lejano fantasma

límite de sombra

quién eres

mis manos te conocieron

mi corazón te oyó

pero mis ojos

te han olvidado ya

de qué color lucero de la mañana tiñes

tus diurnos pensamientos

qué rasgo violeta cupo en tu frente

qué olivo

esparcieron tus manos

qué escalera de forma esbelta le da vuelta al

                                                                                                   (contorno de tu imagen

de tu fina y esmerada frontera

quién fuiste

mis ojos se lo preguntan largamente a través de

(la noche

te has vuelto ceniza

te has vuelto cocuyo te has vuelto

qué

atmósfera de pozo

sólo sé que bebí tu agua pero

cuándo

dónde

 

llegará a tí en una escalera de cristal toda tenue

(y líquida

mis ojos algún día se estrellarán

contra la irrisada canica de los tuyos

mis manos encontrarán la barrera de tu superficie

(infranqueable

nada sabré de tí sino tu forma

tu fondo

el mar tuyo opalino incandescente

cuándo

dónde

 

VIII

nadas en pozo fiel insulsamente siglos van de cansancio nauseabundo margaritas ya van soñando tu refugio rocas y zetas toque vespertino

 

siglos de ausencia viejos van colgando heno de amor imbécil sollozante #1 árbol verde y aéreo de tus ansias

 

díme la ley marchita de tu pelo para marcar con ella mi desvelo y panderos colgar de mi ventana

 

hablas en flautas mágicas livianas redes tiendes de amor arteramente y en soliloquios frágiles tempranas ansias quiebras antiguas nuevamente

 

díme por fin tu cruel laberinteo y si en tu cuello anida aquel espejo díme el secreto viejo de mi muerte quiebra por fin mi vida en tu deseo

 

 

10

como una letanía dentro de mis huesos tu nombre se repite sin sentido debajo de los días debajo del deseo

como oruga que labra un castillo infinito inhabitable, inevitable, y muerto

 

 niña tú

la de los cabellos dulces infantiles

y risueños la de las manos aladas floreciente de caricias

de sol y agua

niña tú

la de los ojos abiertos que crees en el ser y juegas

con tus amigas las flores las comprendes y las amas

 

dame siquiera un momento

el regalo de tu mano

y llévame hasta tu mundo

que es el mío y que he olvidado

en que las cosas son cosas

y los corazones aman

y si hay lágrimas se encuentran

pañuelos para secarlas


niña.


ladrillos mojados verde pasto sol

y la sombra del agua

 

los edificios como lagartos

 

miles y miles de libros miles y miles de ventanas

 

y un hombre solo

entre la sombra y el agua


la sirena aulla como lobo en la noche y los gatos se pierden en las bocacalles ¿quién puede dormir con un edificio inclinado

(sobre su cabeza

y el espectro de mil soledades tocándole a la

(puerta?

 la serpiente tiene un ojo marino en los ojos de los caballos caben los montes en los ojos de los hombres cabe el mundo pero en los ojos de las calaveras hay un hueco

(imposible de llenar

una palabra lo suficientemente pequeña para

(alegrar un momento

una palabra

no más grande que una estrella asomada

(a una vent?na

tímida y fugitiva

como la huella del deseo de un beso un ángel entrevisto entre dos nubes que no estaban

 

cada vez más lejana cada vez más difícil

 

como un abanico blanco caído sobre la nieve